Percepción de la Calidad

La calidad en la artesanía permite elaborar productos competitivos y aumentar la satisfacción del cliente. Asimilar «producto de calidad» con «producto hecho a mano» es algo muy corriente en el mundo de la artesanía. Dicha equiparación puede llevarnos a engaños porque si el producto no obedece a unos parámetros de calidad mínimos para el cliente seguramente se quede para los restos en las estanterías de nuestro taller.

Sin duda, en el sector de la artesanía queda mucho trabajo por hacer en materia de concienciación sobre la calidad, tanto de una actividad laboral como de unos productos, que más allá de valores románticos, suponen una realidad productiva para muchos profesionales a lo largo de todo el planeta. Tener un buen producto no siempre implica elaborarlo de la forma más óptima para reducir costes o alcanzar mayores cotas de satisfacción entre los clientes.

En el mercado global en el que nos desenvolvemos hoy día, es necesario mejorar  los procesos de producción, gestión y venta de los talleres artesanos.

Ya no es garantía de éxito el marchamo de artesano como elemento diferenciador e inherente a su propia realidad de producto realizado a mano. Así pues, la calidad se erige como un modelo más eficaz y ordenado de organización, con posibilidad de evaluación y retroalimentación para mejorarlo de forma continua.

Evidentemente, la dedicación y el coste superior de elaboración de un producto hecho a mano sobre uno manufacturado conllevan una serie de valores cualitativos que no se obtendrían de otra forma. Pero esto no es suficiente si no regulamos la producción y estandarizamos tanto el proceso productivo como el acabado estableciendo indicadores que nos permitan medir a ambos,  además de controlar, con posterioridad, que se implanten las acciones necesarias de mejora.

Instaurar un sistema de calidad como eje vertebrador de la actividad artesanal nos puede ayudar a reducir el índice de productos defectuosos, a tener que repetir procesos aumentando el rendimiento, a mejorar los plazos de elaboración de productos y a reducir las posibles taras que supongan futuras devoluciones. En definitiva, aumentar la satisfacción del cliente mejorando nuestra forma de trabajar y revisando que el producto final cumpla con las expectativas del comprador.

Por este motivo, el reconocimiento de la calidad, podemos concluir,  va más allá del establecimiento de estándares medibles sobre los productos para adentrarse en otros modelos de gestión de la calidad centrada en los procesos de producción o de gestión de las empresas, a través de normas internacionales consensuadas como las Normas ISO.

Por último, debemos de tener en cuenta también, cuando hablamos de artesanía, otros estándares de calidad que permiten ofrecer garantías de excelencia para la sociedad, como son las marcas colectivas o los reconocimientos geográficos.

A modo de conclusión:

Adentrarnos en el mundo de la normalización de calidad en la artesanía estableciendo unos estándares certificables nos permite:

  • Proteger el sector y las zonas geográficas artesanas.
  • Conseguir una diferenciación respecto a productos manufacturados o elaborados artesanalmente con baja calidad.
  • Dar a conocer técnicas o productos singulares.
  • Entrar en nuevos mercados o mantener los existentes.
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